Orquideas silvestres de la Península Ibérica  
Celestino Gelpi

Celestino Gelpi

Descripción :

 



Orquídeas silvestres de la península Ibérica, bellas desconocidas


Misteriosas, a veces inaccesibles y siempre atrayentes, las orquídeas muestran toda su belleza en ejemplares que toman las más variadas formas y se visten con todos los colores del arco iris.


Las orquídeas son de todas las flores unas de las más bellas; son misteriosas y enigmáticas, y hay algo en ellas que las diferencia de otras plantas, algo casi mágico que siempre nos ha intrigado.


Crecen en casi todas partes, en los prados, en las selvas tropicales, en las altas montañas y también en los desiertos. Constituyen una de las familias más jóvenes del mundo vegetal, se encuentran en periodo de evolución y cada año se descubren nuevas especi



Se trata de una familia todavía no estabilizada que está en pleno proceso de separación de especies y es una de las más extensas y variadas de todo el reino vegetal.


Se calcula que existen unas 30.000 orquídeas diferentes; que pueden vivir en el suelo (terrestres), sobre las ramas y los troncos de los árboles (epífitas) o incluso bajo tierra (subterráneas), como es el caso de un número reducido de especies que permanecen en ese estado toda la vida, incluida la época de floración.


Se suelen relacionar con los países tropicales y aunque son más numerosas y variadas en el Trópico, están distribuidas por gran variedad de ecosistemas. Excepto la Antártida, todos los continentes tienen sus orquídeas.


La península Ibérica posee una gran riqueza de especies, y aunque son más pequeñas que las del Trópico, algunas también son de extraordinaria belleza y compiten con ellas en formas y colorido.


Actualmente, el número de especies de orquídeas españolas ronda las 100, y pertenecen a unos 32 géneros distintos.


Las que presentamos en esta página son las orquídeas Ibéricas, y corresponden a varios géneros, algunos tan interesantes como el Limodorum que carece de clorofila y para vivir necesita ser alimentado por un hongo, o el Barlia que cuenta con la orquídea más grande de la península Ibérica.


Son plantas monocotiledóneas que ya desde la fase de semilla necesitan establecer alianzas para poder desarrollarse.



Sus espectaculares flores muestran numerosos atractivos y originales estrategias de seducción. Las especies que crecen en la península Ibérica son plantas terrestres y vivaces, desarrollan un pétalo grande llamado labelo que facilita el aterrizaje de los insectos, y tienen la parte subterránea formada por tubérculos o rizomas.


Precisamente, el nombre griego del género Orchis (que significa testículos y da nombre a toda la familia) se debe a la característica forma de sus bulbos. Uno de estos bulbos se va consumiendo a medida que crece la flor, a la vez que a su lado se desarrolla uno nuevo que el próximo año dará lugar a una nueva planta, ya que, aunque la parte aérea se marchita y desaparece, la subterránea se mantiene viva durante varios años.


Nuestras orquídeas son artistas de la seducción, hacen del engaño un arte, y salvajes y altivas, luchan con su belleza como arma principal frente a los innumerables peligros que las amenazan.


La diversidad en la forma y diseño de las flores es casi increíble y son asombrosos ejemplos de hasta donde pueden llegar las plantas con tal de reproducirse.


El género Orchis presenta simpáticos monigotes y el Ophrys un extraordinario parecido con el cuerpo peludo de las abejas, avispas y arañas que son sus polinizadores; despliegan todos sus encantos para atraerlos ofreciéndoles su néctar, imitando la forma de sus hembras e incluso en algunos casos como el de la bellísima Ophrys speculum, su olor.



Los machos engañados por la flor, al posarse sobre ella incitados por su forma y textura pilosa, creen copular con la hembra, impregnándose de polen que traspasarán a la próxima orquídea que intenten conquistar y que, pese a su propia frustración sexual dejarán fecundada.


La naturaleza hace que algunas orquídeas florezcan un poco antes de que aparezcan las verdaderas hembras de los insectos a las que imitan, por lo que los machos de éstas no tienen donde elegir y son fácilmente engañados por la flor.


Cuentan que este "escandaloso" método de perpetuación de la especie hizo que el responsable de la archidiócesis de Ávila prohibiera en 1941 la utilización de las orquídeas en las ofrendas florales a la Santísima Virgen.


La dificultad de germinación de las semillas y el largo periodo que transcurre hasta su floración y madurez hacen que las orquídeas sean muy vulnerables.


Florecen durante la primavera con una explosión de aromas, formas y colores. Las flores forman un racimo o una espiga en la parte superior del tallo y su número es muy variable. La mayoría de ellas son hermafroditas, es decir, tienen en la misma flor los órganos sexuales masculinos y femeninos.


Si la fecundación a través de los insectos no tuviera éxito, algunas orquídeas utilizan su último recurso; al marchitarse la flor, dejan caer los polinios (dos sacos viscosos en los que se encuentra el polen) sobre el estigma que es la parte femenina, consiguiendo así la autofecundación.


En la parte que une la flor con el tallo se encuentra el ovario, que se hincha al desarrollarse las semillas, más tarde la cápsula explota, liberando al aire una nubecilla formada por casi 10.000 pequeñas semillas.



Pero a pesar de la gran cantidad que producen, es muy difícil que alguna tenga éxito y nazca una nueva planta, pues su vida es muy corta debido a que no contienen ninguna reserva de alimento y para poder asimilar las sustancias nutritivas del suelo, las semillas deben establecer otra curiosa alianza, esta vez con un hongo del género Rhizoctonia o Deuteromycetes, que vive en el suelo y tiene la forma de un micelio compuesto por filamentos microscópicos.


Con estos filamentos el hongo envuelve a la semilla y penetra en ella para asimilarla; pero ésta, con otro de sus engaños (produce una sustancia fungicida), consigue escapar a su ataque, y aprovecha estos filamentos para absorber los azúcares que produce el hongo y conseguir el alimento necesario para vivir,


Así se produce una micorriza que será beneficiosa para los dos socios y permitirá a la planta vivir a su costa durante los primeros años de su vida y en algunos casos como es el de las especies saprófitas durante toda su existencia.


El desarrollo de la planta es muy lento y algunas orquídeas pueden tardar hasta 15 años en llegar a la madurez y ofrecer sus flores a la tentación de los insectos que la polinizarán y al placer que nos producirá a nosotros el contemplarla.


Por lo que es necesario fomentar el respeto por estas rarezas botánicas facilitando su protección y la conservación de sus hábitats naturales.


Actualmente se están dando los primeros pasos en algunas Comunidades Autónomas que han legislado algún tipo de protección a determinadas especies, aunque lo importante sería sacar una Ley de protección nacional que incluya a todas las orquídeas, pues ésta sería la única forma de garantizar la sostenibilidad de determinadas especies que necesitan de una urgente protección, tal como puede ser la Ophrys apifera variedad almaracensis, que es una verdadera joya botánica y que en la península Ibérica, sólo se puede contemplar en las calizas de la localidad de Almaraz.

Celestino Gelpi.

gelpipena@hotmail.com


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